Vivencias – La historia de Lucas Lord

Iniciamos la historia el día 1 de Noviembre de 1989 en Madrid y más concretamente en el Barrio de Aluche, desde el primer piso de una calle que da a un inmenso parque, y en el que a pesar del frío, en mi casa se percibe un silencio solo roto por la música que siempre me gusta tener cuando estoy en casa, y al calor de los radiadores que suelo tener cuando estoy en casa.

Me he despertado tarde porque al no trabajar hoy porque es festivo y salir la noche anterior hasta bien entrada la madrugada me he quedado bajo el calor de las mantas pensando en lo que en unas horas va a pasar y que era consciente de lo que podía cambiar mi vida pero quizás no hasta el punto que cambió todo.

Después de haber cumplido la mili y sin ganas de retomar los estudios en ese momento me puse a buscar trabajo en Madrid ya que deseaba salir de mi pequeña ciudad y emprender el vuelo. Tuve la suerte de encontrar trabajo cuyo destino era Madrid y que iba a tener la suerte de poder aprender en la misma empresa, pero en la sede que esa empresa tenía en mi ciudad para en un mes ir definitivamente a Madrid ya trasladado y habiendo aprendido parte de mi puesto de trabajo en mi ciudad.

Era consciente, quizás no del todo, de que me vida iba a dar un gran giro pero debía intentarlo y probar si era capaz de salir de mi zona de confort en casa y rodeado de los míos. Llegado el momento y sin pensarlo hice las maletas y desembarque en la estación de autobuses de la entonces empresa Auto Res y de allí a mi puesto de trabajo donde me esperaban los que serían mis primeros compañeros de trabajo.

Al estar con un contrato con sede en mi ciudad mi empresa había quedado en pagarme dietas y alojamiento y viajes durante un periodo de tiempo hasta adaptarme.
Al salir de trabajar un compañero me indicó que línea de metro tenía que coger y enqué parada bajarme y la dirección y el nombre del Hostal (por llamarlo de alguna manera) donde me alojaría durante un corto periodo de tiempo. El Hostal estaba en pleno Chueca, en concreto en la calle Fuencarral cuando todavía no era el Chueca que ahora conocemos, sino como yo lo defino era “Territorio Comanche”.

Lo que paso durante ese tiempo estando en el Hostal forma parte directa del principio de esta historia.

La verdad el sueldo que tenía era bueno, y el trabajo me gustaba, y pronto busqué el que sería mi primer piso y que no compartía con nadie porque podía permitírmelo.
Con 20 años para 21 y recién incorporado al mercado laboral estaba con muchas ganas de comerme Madrid y vivir el mundo de la noche.

Los días del hostal me habían servido para conocer un poco del Chueca Comanche y por donde me podía mover, cuáles eran los bares donde poder disfrutar del sexo con libertad .Para mí ,un joven de 20 años llegando de “provincias”, se me abrió un horizonte nuevo , lleno de lo que había buscado desde que cumplí los 18 años. Para que negar que me encantaba el sexo y ahora lo tenía al alcance de mi mano.
Me mudé al que sería mi hogar durante los próximos 3 años y por el cual fue larga la lista de hombres que pasaron por mi casa y no precisamente a cenar. Mi trabajo me ocupaba gran parte del día, pero con 20 años no me cansaba lo suficiente para evitar poder salir todos los fines de semana que para mí empezaban los miércoles.

La verdad mi ritmo de vida era alto, mensualmente después de pagar los gastos del piso me sobraban 75 mil pesetas para mis gastos (comida, ropa, fiestas…..) con lo cual no tenía necesidad ni en un principio se me había pasado por la cabeza ninguna forma complementaria de obtener otra fuente de ingresos complementarios.
Los bares que frecuentaba (Cruising, Leather y alguno que otro más) estaban llenos de hombres que buscaban al igual que yo no solo un sitio donde follar o ligar. Bendita inconsciencia de la edad, era en algunas cosas algo tímido, y en la mayoría de los casos remataba en mi casa lo que había empezado en un bar. Volviendo la vista atrás era un inconsciente, nunca me planteé que pudiera pasar nada por acabar con desconocidos en mi casa.

En uno de esos bares descubrí mi atracción por los hombres vestidos de cuero, descubrí el nombre de los complementos que llevaban, y empecé a sentirme atraído por el BDSM, gracias a una persona con la que solía coincidir cuyo nombre era Félix, y con el que empecé a jugar siendo yo sumiso.

Si había comprobado algo que me llamaba la atención y que Félix luego me confirmó que era la existencia en ese bar de chaperos. Fue mi primer contacto con ese mundo y que no me dejó indiferente.

Uno de los que frecuentaban el bar era amigo de Félix y entablamos alguna conversación que otra, ya que, como Javier que así se llamaba el chapero, no siempre buscaba clientes y le gustaba charlar.

En esas charlas me contó muchas cosas, no solo del sexo, sino también de su vida y por qué se había metido en el mundo de la prostitución. Javier era estudiante universitario de familia de clase media-alta, y aunque tenía beca, no le llegaba el dinero para poder vivir como le gustaba y había empezado a hacer chapas.
Teníamos muchas cosas en común una de ellas que nos gustaba el sexo y que la necesidad no le impulsaba a acostarse con otros por dinero y era también un amante del BDSM.

A todo esto yo seguía con mi trabajo y mi vida social incluida salir con gente de mi trabajo, ya que éramos todos de un rango de edad parecido, y formábamos una amalgama curiosa de personas de distintas provincias. La verdad el buen rollo era la tónica dominante tanto dentro como fuera del centro de trabajo e independientemente de cual era nuestro cargo dentro de la empresa.

Fue un verano y principios de otoño lleno de cenas, salidas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, prácticamente a diario y obviamente de sexo. No me podía quejar estaba donde quería y el mundo era mío.

Seguí en contacto con Félix con el que seguía jugando y aprendiendo , y un par de veces a la semana con Javier que me seguía contando cosas de su vida y de su trabajo y lo fácil que le resultaba , según él tenía días de todo, pero no lo cambiaria.
La verdad yo no me lo había planteado nunca pero me empezó a atraer la idea de probar suerte y ver si sería capaz, ya no por necesitar el dinero como muchas personas podrían creer, sino para poder mantener mi modo de vida y mis caprichos cada vez más numerosos. Era un poco pijo y caprichoso, y quería comprar cosas que con mi trabajo solamente, y sin dejar de salir no podía mantener, me atraía cada vez más el mundo del cuero y no era ropa precisamente barata. Javier me había contado de qué manera buscaba los clientes aparte de en los bares. Me hablo de los anuncios por palabras en los periódicos y en algunas revistas gais de la época.

Mi sorpresa fue enorme cuando un día, un cliente habitual del bar que más frecuentaba, y en una de las veces que había ido solo, se acercó a mí y mi invito a tomar algo. Se presentó, me dijo:” me llamo Iván”, a lo que yo le dije:” me llamo Lucas” (fue el primer nombre que se me ocurrió, ya que no me atreví a decirle mi nombre real) y pedimos algo No le di mayor importancia y empezamos a charlar de forma distendida hablando de nuestros gustos y las edades que teníamos. Iván me dijo que tenía 40 años aunque no los aparentaba, y yo lo dije que tenía 20 años. Desde luego no se me escapó como me miraba, y que mostraba deseo pero a la vez cierto corte, como si no se atreviera a decirme algo. Después de un largo rato, y viendo que estaba algo inquieto , le pregunté si le pasaba algo, y al decirle eso le cambió la cara y bajo la cabeza .Su tono de voz cambió y parecía susurrar más que hablar . Me confesó que me había entrado porque me había visto con Félix que sabía que era AMO y había supuesto que yo era sumiso, y por otra parte al verme con Javier y la confianza que teníamos pensó que yo era chapero. Al decirme ambas cosas se había puesto rojo y su voz era apenas un susurro.

Todavía a día de hoy no sé cómo se me ocurrió decirle que sí, que era chapero, que por eso iba tanto por allí y muchas veces salía acompañado. Recuerdo que a Iván se le cambió la cara, y una sonrisa de oreja a oreja le apareció en la cara, debo confesar que me gustó que un tío vestido de cuero y que tenía fama de borde reaccionara así.
Anteriormente me había dicho que él era AMO y lo que le gustaba, y me había preguntado por mis gustos y límites. Me dijo que no le gustaba follar en lugares públicos, que no le gustaba tampoco ir con nadie a su casa ni ir a casa de otros. Me comentó que por eso tenía fama de borde y que le gustaba la discreción que solo un chapero podía darle.

La verdad no sé cómo acabe diciéndole lo que cobraba (algo estaba informado de las tarifas por Javier) y que si quería podíamos quedar. Tardo muy poco en responder que sí que estaba interesado y que si no me importaba y podía quedar el día 1 de Noviembre ya que él no trabajaba y tenía más tiempo que le llamara y me daría más detalles, y donde quedar y a qué hora .Jamás le dije que iba a ser mi primer cliente, no siendo que cambiara de idea. Me gustaba y aun hoy en día me sigue gustando el sexo y por mi loca cabeza iba a probar como chapero.

Recuerdo a les lectores que no existían los teléfonos móviles, y en algunos casos como el mío, por estar de alquiler, no tenía teléfono en casa. Me dio su número de teléfono y me dijo que le llamara el día 30 de Octubre a las 9 de la noche.
Al salir del bar y ya en frío, empecé a pensar que era una locura, y a plantearme el hecho de tirar la servilleta de papel con su teléfono pero algo me retuve y guardé su número en un bolsillo del pantalón.

Los días siguientes seguí con mi vida habitual de trabajo y cenas aunque no se me quitaba de la cabeza la oferta de Iván. Pensé que era una forma fácil de ganar una buena cantidad en poco tiempo y porque no probar.
Llego el día acordado el 31 de Octubre y aunque tenía dudas y no sabía dónde me estaba metiendo, mi afán de conseguir un dinerito extra y mi pasión por el sexo acudí al locutorio de teléfonos de Gran Vía a llamar a Iván, no sin bastante nerviosismo por mi parte.

Recuerdo que me temblaba casi la voz cuando me descolgó el teléfono, la verdad tenía mis dudas si sería real el teléfono y si sería en serio su proposición de unos días atrás. Lo encontré contento de que le hubiera llamado, y fue una conversación corta donde me dijo que nos veríamos en el Hotel Florida Norte a las 19:00, y que quería contratarme por una hora .La verdad sus palabras exactas, que encontré normales dentro de un entorno BDSM, fueron que quería usarme durante una hora.

Y aquí volvemos al principio de la historia.
Según se acercaba la hora mis nervios iban en aumento, la verdad casi ni comí porque se me había cerrado el estómago. Me planteé no acudir a la cita, pero mi curiosidad y mis ganas de probar una experiencia nueva hicieron que me preparara, me duchara bien por dentro y por fuera y me vistiera y fuera hasta el metro para acudir al Hotel donde había quedado con Iván.

Durante el trayecto me daba la sensación, que todas las personas que iban en el Metro sabían a donde iba y para qué. Me entró una especie de paranoia unida al temor que me hizo plantear bajarme y no seguir, cosa que finalmente no hice.
Al llegar al Hotel me dirigí a recepción, era habitual en aquella fecha que no pudieras subir a una habitación sin pasar por recepción. Me preguntaron que donde iba y le dije al recepcionista que me esperaban en la habitación 106 (el día anterior Iván me había dado el número de habitación).El recepcionista llamó a la habitación y me dijo que me estaban esperando. Subí y me encontré la puerta de la habitación sin cerrar del todo como me había dicho Iván. El suelo de la habitación me fije era de moqueta verde que había conocido tiempos mejores, y tal como habíamos acordado antes de saludarnos entre al W.C. para desnudarme y luego ya ir donde estaba él.

Deje mi ropa ordenada y doblada, manía que me habían enseñado en mi casa, y ya fui donde estaba Iván .El escenario era impresionante, parte de la cama llena de un montón de juguetes sexuales, que alguno de ellos no conocía, y a Iván impresionantemente ataviado con solo unos chaps de cuero, unas botas altas y un arnés en forma de X que le atravesaba el pecho.

Todo eso junto a mi nerviosismo me quedaron sin palabras y fue Iván quien rompió el silencio dándome su primera orden que fue que me pusiera de rodillas. Estuvo un par de minutos en los que le recordé cuales eran mis límites y acordamos la palabra de seguridad, cosa imprescindible en las sesiones de BDSM.

Y sin más preámbulos comenzó la sesión. La verdad en el momento que comencé , y como me pasa siempre, me olvidé del hecho diferencial de esta sesión que era que al final cobraría por haberla hecho.

La sesión fue buena y lo mejor es que Iván estuvo pendiente todo el rato de mí y algo muy importante y cada vez menos habitual, que ambos estuviéramos disfrutando.
Reconozco que tuve mucha suerte, ya que desgraciadamente muches se piensan que por pagar tienen derecho a hacer lo que quieran, ese extraño concepto de “quien paga manda” y no es así.

Probé cosas que no había probado antes, ya que Félix no tenía tanto material, y mi cliente (no nos vamos a engañar que es lo que Iván era) , supo mantener un ritmo de sesión extraordinario y ambos nos corrimos un par de veces en esa hora.
Si alguien esperaba encontrar detalles de lo que paso en la sesión no los va a encontrar. No escribo mi historia desde el erotismo o la pornografía. Solo decir que ese día probé un montón de cosas de las que había oído hablar pero jamás había hecho hasta ese momento.

Unos 5 minutos antes de que pasara el plazo acordado de una hora, mi cliente, Iván, me dejo el dinero acordado encima de una de las dos mesitas de la habitación y se fue a la ducha mientras yo me quedaba tirado en la cama contemplando el dinero como embobado.
Al salir el cliente de la ducha, se vistió mientras me preguntaba qué tal estaba y me dijo que le gustaría volver a quedar conmigo por lo menos una vez al mes. Que iríamos concertando nuestros encuentros en el bar de siempre. Yo asentí con la cabeza de manera automática mientras de forma inconsciente no dejaba de mirar el billete de cinco mil pesetas (no era na cifra habitual ni lo pactado, que era algo menos) .Sonrió y se fue diciéndome que la habitación estaba pagada para toda la noche.
Cuando Iván se fue es cuando realmente empecé a ser consciente de lo que había hecho y que era algo que no me hubiera atrevido a imaginar unos meses antes, el hecho de tener sexo por dinero. Me había convertido en un puto, y desde luego, era algo que en mi círculo de amigos y en mi trabajo no podía permitirme el lujo de que se supiera si quería mantener mi puesto de trabajo.

Me duché frotándome con rabia, me lo había pasado bien pero me sentía más sucio que otras veces en las que no había dinero por medio. Gran parte de esas sensaciones con el tiempo entendí, que formaban parte de la educación recibida durante años en casa y mientras estudiaba. Después de descansar un rato en la habitación del hotel me decidí a vestirme y en salir de a habitación para irme a mi casa. Si antes del encuentro me parecia que todo el mundo sabía dónde iba y lo que iba a hacer, ahora estaba casi seguro que llevaba en la frente escrita la palabra chapero.

Ese día nada más llegar a casa cene un poco y me acosté, intentando no pensar más, por lo menos durante ese día en lo que había pasado hacía unas horas. Como era de esperar no me dormí rápidamente como solía sucederme otras veces que, despues de haber follado estaba cansado y caía rendido, durmiendo de un tirón.
Empecé a dar vueltas a mi cabeza y a lo sucedido como era de esperar, conociéndome como me conozco, analizando como había llegado a acostarme por dinero. No llegué a conseguir por lo menos en esa noche, la respuesta a esas preguntas que me rondaba por la cabeza como un soniquete ¿cómo te sientes después de esto? ¿por qué lo hice?¿volvería a hacerlo?¿tenía necesidad de tener sexo por dinero?¿y si se enteraba alguien?¿con quién podría hablar de esas cosas?
Al día siguiente al llegar al trabajo, como era normal entre les compañeres que trabajamos juntes ,salió la típica conversación de que tal el día de fiesta, del descanso entre semana que nos habría puesto las pilas ,y ese tipo de cosas irrelevantes, que se suelen preguntar , aunque en el fondo muchas veces, no prestemos ni atención a lo que nos están contando, mientras yo pensaba en “si yo dijera lo que hice ayer no volveríais ni a hablarme. Pasé toda la jornada laboral, por suerte bastante ajetreada, currando pero en un estado catatónico deseando acabara la jornada laboral y poner cualquier excusa para no cenar con les compañeres de trabajo e irme a mi bar de siempre esperando ver por allí a Javier.

Por suerte cuando llegue estaba allí y en ese momento estaba solo. Me acerqué a Javier y nada más saludarme me dijo que si me pasaba algo que me veía raro. Con mucho corte y muerto de la vergüenza, le conté lo que había hecho la noche anterior. Como es evidente no le conté los detalles ni del sitio, ni del cliente pero si que había hecho una chapa y lo mal que me sentía en cierto aspecto, porque debo reconocer que el hecho de haber conseguido dinero por tener sexo, no me había desagradado del todo.
Según se lo contaba vi que su gesto cambiaba, terminando por soltar una sonora carcajada que me quedó descuadrado.

Al verme la cara de preocupación y después de parar de reírse solo me dijo que no era el primero ni sería el último, y que se imaginaba que yo iba a terminar siendo chapero, por las veces que habíamos hablado, y como me cambiaba la cara cuando me contaba el dinero que sacaba él como chapero. La verdad me quede blanco y sorprendido de esa reacción de Javier y, tonto de mí, le dije que no iba a volver a hacerlo, es más tenía el billete guardado. Sonrió de nuevo y me dijo “al final te lo gastarás y te apuesto que repetirás”. Me terminé riendo con Javier y diciéndole “anda ya, eso no lo verán tus ojos”. En ese momento solo me dijo que si quería saber cómo conseguir clientes el me daba algunas pautas, Seguimos tomando algo como siempre y no insistió más.
Con los días mis miedos y mis dudas no desaparecieron, pero cada vez que veía el dinero, que todavía tenía guardado, pensaba en cómo había conseguido que ese billete llegara allí, y que en el fondo había hecho por dinero lo que hasta el día 1 había hecho gratis. Decidí gastarme el dinero en un capricho que había ido dejando en espera desde hacía un par de meses, y me sentí bien. No había robado a nadie, no había hecho algo que las dos partes no habíamos querido, y ante todo no me había obligado nadie a hacerlo ni lo había hecho para poder comer, sino más bien para poderme permitir caprichos y el ritmo de vida que me gustaba tener con 20 años.
Estuve una semana pensando si acostarme con Iván por dinero había sido algo esporádico que no volvería a hacer, o si por el contrario empezaba a hacerlo de forma más habitual y con otros hombres.

No era una decisión fácil, pero tampoco lo era mantener mi ritmo de vida al que quería acceder y al que no quería renunciar.

Pasada otra semana más enfile camino del bar y fui dispuesto a hablar con Javier pero eso es otra historia.
CONTINUARÁ………….

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